La ideología invisible

30 marzo 2007

La segunda revolución sexual termina en sadomasoquismo

LOS DIÁLOGOS DE ÉPOCA

30 de marzo de 2007

Jesús Trillo “La segunda revolución sexual termina en sadomasoquismo”

El feminismo radical sustituye el utopismo por el hedonismo; el deseo se convierte en fuente del derecho, por encima de la realidad. La lucha de clases se sustituye por la lucha de géneros. Esta ideología es la que aupó a ZP a la secretaría general del PSOE.

Se autocalifica como “liberal-conservador”, se siente a gusto en España y se dedicaría a escribir sí le tocase la lotería. En su último libro, La ideología invisible (Ed. Libros Libres), levanta el velo: el nuevo socialismo es feminista radical. ¿Los grandes enemigos? La familia, el matrimonio y la Iglesia.

-¿Se puede decir que la Ley contra la Violencia de Género ha sido un fracaso habida cuenta del incremento en el número de muertas? -Sin duda alguna. La Ley y el Plan Integral de Violencia de Género se basan en la premisa del enfrentamiento y eso lleva a la violencia. Es de inspiración marxista: la lucha ,de clases se sustituye por la lucha de géneros. En lugar de inspirar paz y amor, plantea la lucha y el enfrentamiento permanente. Y de eso no pude derivarse sino más violencia.

-¿Se puede afirmar que más ley generará más violencia? Se lo digo porque el Gobierno trata de responder al fracaso con más medios en la misma dirección. -Totalmente de acuerdo. Porque la ley depende de una ideología radical.

-Sostiene que Educación para la Ciudadanía forma parte de esta ideología radical. ¿Puede triunfar el movimiento de objeción de conciencia? -Sí puede hacerlo si se plantean estas cuestiones y no se corrigen.

-¿Es posible que se corrijan? -Dependerá de la flexibilidad de la vicepresidenta del Gobierno para evitar la confrontación. Y ése es un escenario posible.

-Vayamos a la Ley de Igualdad. -Si se hubiera tratado de remover los obstáculos para la participación de las mujeres en la vida social, habría estado muy bien. Pero no persigue eso. Pretende enarbolar la igualdad como bandera política frente a cualquier otro criterio. Y eso es discriminatorio. Además, no era necesaria ninguna ley porque existe plena igualdad jurídica.

-Entonces, ¿cuál es el objetivo? -Se basa en una construcción política jacobina según la cual se es de una forma o de otra en función de lo que dice la ley, no por el hecho de ser hombre. Este es el primer error. El segundo es forzar la igualdad fuera de la vida normal y eso lo que hace es fomentar la mediocridad.

-Pero las feministas alegan que las cuotas les permitirán acelerar la recuperación del terreno perdido. -Eso es absurdo. Las mujeres irán cogiendo terreno en el ámbito social poco a poco por razones de naturaleza y porque así lo quieran. Y si resulta que es que no quieren, pues sencillamente es que no debe ser.

-¿Qué es el socialismo una vez abandonada la bandera de la justicia social? -Recientemente un teórico del socialismo, Félix Ovejero Lucas, escribió una Tercera de Abc, “El socialismo después del socialismo”, en la que trata de analizar los nuevos retos y nuevos parámetros ideológicos.

-¿El feminismo? -El feminismo es un movimiento positivo, posiblemente el mayor logro del siglo XX. Pero a partir de mayo de 1968, el feminismo radical roba o se apropia del feminismo. De la misma forma que la izquierda se apropia de la palabra libertad e incluso del propio socialismo.

-Y lo estropean... -Exacto. Este feminismo radical es antifemenino. El feminismo de la igualdad denosta al género masculino y considera que el género femenino es una construcción social en la que la maternidad es una manera de explotación del varón sobre la mujer. Así que pretenden destruir no el patriarcado, sino también el mismo género femenino. Esta es la filosofía que está detrás de Educación para la Ciudadanía.

-¿Y el feminismo de la diferencia? -Trata de revalorizar los valores de la mujer: la afectividad, la maternidad, la complementariedad con el hombre. Yo creo en este feminismo porque siempre he trabajado con mujeres y son más pragmáticas y más equilibradas. Tienen dotes para muchas cuestiones.

-¿Y qué hay de sus vínculos con el marxismo? -Sería el freudomarxismo, cuyo principal exponente sería Marcuse. A finales de los años sesenta, la izquierda se da cuenta de que la crítica a la sociedad de consumo es una estupidez. No existe miseria ni condiciones injustas; son sociedades obesas de bienestar. La libertad -señalan- va por otras vías: nuevas necesidades reprimidas, las pulsiones eróticas o la libido. Es la revolución sexual y la contracultura radical. Partamos de cero en todo. Y así se ensalza la autonomía de la voluntad a lo Nietszche y se niega la ca pacidad para el bien y el mal.

-¿El marxismo es sustituido por el feminismo? -La desaparición del marxismo es sustituido por los estudios feministas. Y aquí hay dos figuras esenciales para entender lo que pasa. La primera es Celia Amorós, que casualmente ha recibido el Premio Nacional de Ensayo 2006 por el libro Nunca tan pequeñas diferencias produjeron tan grandes consecuencias, en donde defiende la necesidad de eliminar el sexo. El sexo no es sino una construcción social opresora.

-¿Y la segunda? -La segunda figura es Amelia Valcárcel, que llega a afirmar cosas tales como que “se contribuye al bien haciendo el mal”. Pues bien, estas dos han sembrado un ambiente cultural creando la teoría feminista como medio para criticar la ideología dominante. Y hay que reconocer que se han trabajado su labor cultural.

-A lo Gramsci. -Sí. Pero han conseguido una verdadera revolución. Silenciosa, sin ruido, pero tremendamente eficaz.

-¿Por qué la toman con la Iglesia? -La Iglesia y la moral católica se convierten en el referente más claro de la cultura occidental, que es el enemigo. Y los valores de esa cultura fraguada en Grecia, Roma y el cristianismo -la familia y el matrimonio- son instituciones a batir. Este es el nuevo socialismo.

-¿Diría usted que España será cristiana o no será? -Ésa es una mala frase de Malraux. Pero creo que sí se puede decir que el siglo XXI empezó como el XVIII: cabreado contra Dios y contra Cristo, por lo menos en la izquierda.

-Usted tiene la sensación de que España se ha convertido en un indicador adelantado, un laboratorio de pruebas. -Sí. Pero fíjese. La revolución sexual triunfó: cambió los códigos de conducta, extendió el aborto y la contracepción. Pero no trajo más felicidad. Para Freud, al fin y al cabo, la sociedad es una represión, porque tiene una concepción más bien pesimista de la sociedad. Así que se abandona la utopía socialista. Se cambia el utopismo por el hedonismo. Y el deseo se convierte en fuente del derecho. Si lo quiero, es bueno.

-Y de ahí llegamos a lo que llama “segunda revolución sexual” -Sí, porque en la primera no se renuncia ni al amor ni a la pareja. En la segunda, el amor se considera una transgresión. Es lo que comienza en la movida madrileña y triunfa con éstos en el poder. El sexo se independiza del amor y del compromiso. Pero, claro, este hedonismo y transgresión termina en el sadomasoquismo del marqués de Sade. Por eso la presidenta de la federación de gays y lesbianas, Beatriz Gimeno, afirma que llega a ser lesbiana como una opción política: es una forma de restablecer su posición en la sociedad.

-¿Dónde está el final? ¿Cuál es el objetivo? -No existe final. Es un proceso. Es lo que Habermas concibe como plena comunicación ideal mezclado con democracia deliberativa y puro voluntarismo.

-¿Cuál es la ideología de Zapatero? -Es hijo de su tiempo, hijo de una sociedad de consumo. Su padre se crió en el socialismo obrero, bélico y posbélico. El ha encarnado el socialismo radical. De la Vega es la verdadera artífice política de esta transformación social y cultural. Es muy inteligente. Y no hay que olvidar que la paridad triunfa con Almunia y que son las feministas las que dan el poder a Zapatero en el conflictivo congreso del PSOE.

-En ese fango chapoteamos. ¿Qué pasa en EE UU? -Estados Unidos recuperó los valores. Y en el cine se puede ver muy bien. En Pretty Woman, donde una prostituta se enamora de un tiburón de los negocios. Ella se da cuenta de que es u quién para alguien y él comienza a ver personas donde antes sólo veía empresas y números. Aquí vamos con retraso porque se ha fomentado contrario.

-¿Cree que es posible una reacción similar en España? -Yo creo que sí. La sociedad tiene que reaccionar. Porque la realidad siempre se termina imponiendo. Mientras tanto, la sociedad seguirá ensimismada con el cannabis del nuevo socialismo, la ideología invisible.

-¿El futuro depende de las mujeres? -Sin duda. El mundo se salva o se pierde por las mujeres. Nacemos de una mujer y se perderá si las mujeres no tienen hijos.

14 noviembre 2006

Extremistas y radicales: el modelo español

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Extremistas y radicales: el modelo español

La Razón, 13 noviembre 2006

La nueva izquierda radical española nació con ambición de liderazgo internacional, y en cierto aspecto va camino de conseguirlo. En la reciente Conferencia del Partido Socialista obrero español, surgió la sorpresa envuelta en el encanto y la charme francesa, Ségolène Royal, candidata a la presidencia de la república, manifestaba ante un auditorio fervoroso: “El referente antes era el modelo escandinavo, y ahora, el referente de socialismo, es el modelo español”. El modelo al que se refería, no era el de la moda Cibeles, era el modelo caracterizado por la ideología puesta en práctica por el PSOE durante estos dos años de gobierno, revelado en las llamadas políticas de igualdad: ley de igualdad, aplicación del principio de paridad en la conformación del gobierno, la ley de matrimonios homosexuales, etc. La líder socialista francesa continuó: "por eso tenemos la obligación de alinearnos con España". Aserciones como ésta procedentes de un candidato a la presidencia de la República de Francia, no es precisamente habitual ¿Qué es lo que ha sucedido para que sea pronunciada semejante incorrección política desde el punto de vista chauvinista? Pues sucede, que como decía su compatriota Jean François Revel, al socialismo, contestado por la dura realidad del socialismo real, tan sólo le queda la fuerza del ideal, de la utopía. Y a falta de cualquier otra original, nuestro socialismo español encontró la del feminismo radical, entre uno de los movimientos sociales marginales, que subió a su carro en su estrategia postmoderna y radical.

Resulta, que esta es la corriente de moda entre la “progresía” actual del mundo occidental; aunque esté demodé en los lugares en donde germinó. El PSOE ha asumido esta bandera como marca ideológica, y por ello, se ha convertido en el nuevo referente internacional, de los progres, y de los partidos de la izquierda radical. La aplicación del principio de paridad en los cargos internos del partido, a partir de Almunia, supuso el control del poder del mismo por parte de las mujeres, que como explicaba la joven promesa Leire Pajín: “eran todas ellas socialistas y feministas”.”La alianza entre los movimientos feministas y los partidos políticos de izquierda, es la razón por la que estamos aquí”, decía en la misma conferencia María Teresa Fernández de la Vega, la líder natural de esta tendencia feminista radical en la izquierda española; y no le faltaba razón.

El feminismo, como movimiento que ha luchado por la igualdad de derechos de la mujer en la sociedad actual, ha constituido una de esas profundas corrientes de la historia moderna, que, sin duda, han hecho avanzar en un sentido positivo a la humanidad. Pero como muchas otras conquistas en los últimos dos siglos, cuando se ha convertido en una ideología al servicio de la lucha política, se ha desvirtuado, transformándose en un reduccionismo más, en un nuevo ismo con ambiciones totalitarias. La desigualdad entre el hombre y la mujer es un hecho parcial de la realidad, pero no es toda la realidad, de forma que dé una explicación total de la sociedad, del sentido de la vida, y del destino de la mujer y del hombre. De la misma manera que el sexo es un aspecto muy importante de la vida de los seres humanos; pero no el único, que da explicación al ser humano, como pensaba Freud.

Para de la Vega, la desigualdad más onerosa sigue siendo la de las mujeres, que atraviesa todas las desigualdades, y que explica, por tanto, el hecho mismo de la desigualdad: razón del actuar político. En su afán ideológico, profería que debe corregirse la desigualdad que sigue existiendo en el reparto del poder, estableciendo la paridad a la fuerza en todos los ámbitos, “incluso el religioso”. La democracia debe convertirse en democracia paritaria. Según ella, hay que hacer política de igualdad desde las escuelas, la igualdad lo es todo: "la igualdad me mueve y me conmueve".

El feminismo radical convierte al feminismo en una ideología política, a partir de tres premisas. La primera consiste en interpretar lo que antes era discriminación como opresión. La segunda consiste en concebir la historia, no como una lucha de clases, sino como una lucha de sexos, en la que el hombre ha estructurado la sociedad como un sistema de dominio sobre la mujer, denominado patriarcado. Y la tercera, que comprende las dos anteriores, se manifiesta en la expresión “lo privado es político”, que va más allá del principio “todo es política”, pues llega hasta la esfera más íntima: la cama matrimonial; en donde, según esta premisa feminista, se produciría la primera manifestación de dominación social de la mujer por el hombre.

Mary Evans, en su análisis sobre el pensamiento feminista contemporáneo, afirma que “una de las ideas más radicales del feminismo contemporáneo es su pretensión de que el espacio privado del hogar y la familia debe estar sujeto al escrutinio público”. Esto es lo que habilita a nuestro socialismo feminista para intervenir en la vida privada, y en el ámbito de las creencias. Al cabo, para esto le sirve el feminismo ideológico al socialismo en el poder. Si hay una ideología política opuesta a la libertad entendida como la no interferencia del estado, esta es, sin duda, el feminismo radical. Sin embargo, muchos llamados “liberales”, consideran que algunas de sus propuestas, tales como el matrimonio homosexual, constituyen puras opciones morales o cuestiones de conciencia. La verdad es que se trata de cuestiones políticas, claramente contrarias a una concepción liberal del estado, porque constituyen la mayor injerencia en la vida privada que haya hecho el poder político en los últimos tiempos. En fin, todo se soluciona con la libertad entendida como lo hace el teórico favorito de nuestros socialistas, Philip Pettit; es decir, la libertad como no dominación, cuya aplicación al feminismo radical viene como anillo al dedo.

Jesús Trillo-Figueroa y Martínez-Conde

24 octubre 2006

La izquierda radical

La izquierda radical

La Razón, 23 octubre 2006.


Últimamente, los voceros del gobierno y sus adláteres, conceptúan al Partido Popular de extrema derecha, sin que se esgriman más argumentos, que la descalificación apriorística del otro, gracias al efecto peyorativo de las palabras. La utilización del calificativo extremo en relación con las ideas políticas, no va con la realidad de los tiempos. Vivimos en la época de la postmodernidad, en donde la visión de las cosas se caracteriza por ser fragmentaria, discontinua, vertical. Por contra, la modernidad se caracterizaba por el orden, por la existencia de los sistemas; y, en definitiva, por una visión política de continuidad horizontal.

En la política actual las cosas hay que verlas de manera posmoderna: vertical, fragmentaria, discontinua. Por eso no es útil calificarla de extremista; es más útil la distinción entre radicales y reformistas. Aplicado a España: en la derecha hay un solo partido, que quiere jugar dentro del sistema; es decir: la Constitución del 78, el Estado de las autonomías, o el modelo de sociedad liberal; sin perjuicio de querer reformarlo para mejorarlo.
En cuanto a la izquierda, por lo pronto, es variopinta y fragmentaria. En ella se incluyen distintos movimientos marginales, tales como: feministas, nacionalistas, antiglobalización, gays y lesbianas; conjuntamente con comunistas y socialistas; todos ellos tienen en común: la radicalidad; por esta razón, a pesar de su heterogeneidad, es posible el pacto entre ellos.

El nuevo socialismo de Zapatero nada tiene que ver con el socialismo reformista de Felipe González; se trata de un socialismo radical, que hunde sus raíces ideológicas en la contracultura derivada de mayo del 68. Los sucesos de mayo convencieron a muchos progresistas desencantados del socialismo real; el resultado fue el nihilismo y la contracultura. Esta idea la expresa bien Richard Rorty, el más reconocido de los pensadores de la izquierda americana: la izquierda está dividida en radicales y reformistas. Los reformistas creen que simplemente cambiando las leyes, las democracias constitucionales con el tiempo podrían llegar a proporcionar la mayor libertad y justicia posible. Los radicales sospechan que los mecanismos de las democracias constitucionales no permiten lograr eso y buscan otros sistemas.

El Partido Socialista surgido del XXXV Congreso, defraudó las primeras impresiones centristas de “talante”, y giró rápidamente hacia la izquierda radical, en busca de una nueva utopía. En un principio se anunció un nuevo “socialismo de los ciudadanos”, ambicioso de hacer suyo la reflexión llevada a cabo por la corriente conocida como “republicanismo”, debida a autores como Pettit, o Barber. Pero pronto se vio que esto tan sólo servía para darle un aire de seriedad a algo mucho más rancio, como la declaración ideológica de “rojo, utópico y feminista”.

¿Qué es lo que hay detrás de esa invisibilidad? Lo primero que hay, consiste en una amalgama de ideas y actitudes presididas por un común denominador: la radicalidad; entendida como aquella disposición de ánimo qué pretende romper sistemáticamente con el pasado inmediato, sin necesidad de justificación. Se trata de prescindir de la existencia de cualquier realidad o naturaleza previa. Partir desde cero, abordando las cosas desde la raíz; para provocar el cambio, la transformación total o la revolución. Por esta razón, se deshecha la existencia previa de la Constitución, de la nación o del sexo biológico. No se trata de llegar a una meta definida anteriormente, el desenlace da igual, lo importante es la forma, el debate a través del cual se llega al final. Lo primordial es que todo se discuta, se delibere, y que, al cabo, se consolide el socialismo. Esta es la esencia de la tan traída “democracia deliberativa”. Junto a ello, se comparte también una inspiración común en lo que se ha denominado la contracultura; de forma tal, que en la política de nuestra izquierda, ella ha sustituido al socialismo, como base del pensamiento político progresista; esta es la tan traída “democracia avanzada”.

Jesús Trillo-Figueroa y Martínez-Conde

29 septiembre 2006

Todas las ideas del presidente

Revista Capital nº 73, Septiembre 2006

Todas las ideas del presidente

“Soy rojo y feminista”, declaraba José Luis Rodríguez Zapatero a Marie Claire en octubre de 2005. Y no mentía. Según Jesús Trillo-Figueroa, autor de La ideología invisible. El pensamiento de la nueva izquierda radical, la definición de ZP es perfecta, pues el PSOE, hoy, ha recuperado como bandera el marxismo (un neomarxismo sui géneris) rechazado en 1979 por Felipe González, y está, como nunca lo estuvo a lo largo de su historia, en manos de feministas salidas del baúl de los recuerdos sesentayochistas. Así, no es extraño que Trillo-Figueroa llegue a la inevitable conclusión de que “en España gobierna el gobierno más radical que ha tenido la transición”.

La razón de la deriva extremista —e hiperideologizada— del PSOE se produce tras un proceso de desideologización que coincide con las legislaturas de González, quien supo ser pragmático. Lejos de esta prudente actitud, Zapatero reivindica constantemente los ideales utópicos de una izquierda radical (un “socialismo libertario profundamente liberal”, decía en octubre de 2000) cuya inspiración se encuentra en el nuevo pensamiento izquierdista surgido en Estados Unidos. Concretamente, en el republicanismo de Philip Pettit y la democracia fuerte de Benjamin Barber, además de en las tesis del polaco Zygmunt Bauman, quien añora los tiempos del socialismo real o comunismo.

Si a lo dicho se le añaden unas dosis de exquisita deconstrucción derridiana, una desatada logomaquia, un homosexualismo militante y las opiniones del novelista Suso de Toro —“uno de los ‘intelectuales’ más cercanos al presidente del Gobierno”, según Jesús Trillo-Figueroa—, puede decirse que las ideas de ZP quedan bien esbozadas. Poco importa su consistencia; lo que importa es que el presidente del Gobierno se las toma muy enserio, casi, casi como una revelación.

Sabemos por Lord Acton que “pocos descubrimientos son tan fastidiosos como aquellos que explican los orígenes de las corrientes intelectuales”. Pues bien, el libro de Trillo-Figueroa ha de ser fastidioso para el PSOE, ya que pone en evidencia el carácter subversivo adoptado por el partido gobernante. También es severo, como “el severo discurso de las ideologías”, dicho con palabras de Jaime Gil de Biedma.

Ignacio Marina Grimau
imarina@gyj.es

19 septiembre 2006

LA CONSTITUCION TRAICIONADA

LA CONSTITUCION TRAICIONADA

Artículo publicado en NUEVA REVISTA, nº 106, Julio-Septiembre 2006

Tal vez la consecuencia más importante derivada de la aprobación por referéndum de estatuto de Cataluña, haya sido la reforma de la constitución de 1978 realizada por una exigua mayoría de apenas un tercio de la población de Cataluña, al margen del procedimiento previsto para ello en su Título X, y despreciando al resto de la población española. El fenómeno acaecido bien pudiera llamarse: “la constitución traicionada”, que coincide con el título del clarividente libro recientemente publicado por Alejo Vidal Cuadras.

La constitución de 1978 supuso, a juicio de Vidal Cuadras, la solución teórica a los cinco contenciosos pendientes que tenía la sociedad española durante los dos últimos siglos: el de los ricos frente a los opulentos, el del poder civil frente al poder militar, el del laicismo frente a la confesionalidad, el de la república frente a la monarquía, y el de la periferia frente al centro. Este último es el problema que el Estatuto de Cataluña ha venido a empeorar definitivamente. Ya suponía una úlcera abierta, a la que la aprobación por medio de un referéndum esperpéntico, ha convertido en sangrante. Esta era la cuestión pendiente más “candente” que tenía España, desde hace dos siglos, como vio Ortega en su España invertebrada, acaso producto de los “casticismos” que denunció Unamuno, que de una u otra forma, o con uno u otro nombre, han dado lugar al “nacionalismo idéntitario”, del que habla Vidal Cuadras, culpable fundamental de la traición constitucional a la que estamos asistiendo, bajo el inquietante silencio de los corderos, en el que se encuentra la sociedad española.

La disección nacionalista realizada por Vidal Cuadras con penetración de bisturí, parte de la crisis de 1998. Los males de la patria, aquejados durante el 98, con la pérdida de las colonias, la visión pesimista de España, la corrupción política del caciquismo, dieron lugar al nacimiento, de manera simultánea, de una concepción estrecha y excluyente del nacionalismo vasco y catalán, que trasformó en patológico el problema territorial. La constitución de 1978 después del enfrentamiento de la guerra civil y del largo periodo de la dictadura del general Franco, vino a suponer una sutura, que cerraba provisionalmente la herida. No obstante, el problema territorial nunca quedó cicatrizado.

Ya otro catalán, López Rodó, decía en sus “autonosuyas”, que el “Estado de las autonomías” se configuraba de una manera abierta e indefinida, de forma tal, que su mejor definición era la de: “Estado Resultante”. El resultado es que el Estado Español está a punto de desaparecer de Cataluña por culpa del Estatut. Además, como bien dice Alejo, rompe con el espíritu de la transición, destruye la concordia nacional, y vulnera el acuerdo que hace un cuarto de siglo permitió la recuperación de la democracia. E invocando una concepción federal, transforma España en una confederación de supuestas naciones inconexas entre sí. La clave política está en la connivencia entre el PSOE y el nacionalismo catalán, republicano de ERC primero, radical y burgués de CIU después. El partido socialista español partió siempre de un error conceptual en torno al planteamiento de la estructura territorial del Estado: su concepción federal, siempre latente en su proyecto político. Como escribe Vidal Cuadras, el federalismo se basa en la construcción de un estado, partiendo de la igualdad entre estados anteriormente independientes. Por el contrario, la situación en la que nos encontramos en España no era la de multitud de estados en plano de igualdad, que acuerdan una federación o confederación asimétrica, según la capacidad de negociación de las distintas unidades soberanas. Se trataba de un único estado tan viejo como el español, de una única nación tan vieja como la española, que en su seno abraza a las distintas entidades territoriales de carácter más o menos singularizado o propio. El PSOE ha caído en la trampa nacionalista, y por tanto en un error. El problema es que esto se sabe como empieza pero no como acaba, puesto que se basa en premisas falsas que no conducen a nada previsto de antemano.

El planteamiento ideológico del nacionalismo catalán es caracterizado por Vidal Quadras como “idéntitario”. Con este análisis, nuestro autor manifiesta su profundo conocimiento de las tendencias del pensamiento actual, y en particular de la llamada “crisis de identidad" (Z. Bauman, etc.). Para él, después de la caída del muro, y con ello de las “grandes narraciones” totalitarias, la problematización de la identidad “se traduce en movimientos intensamente emocionales de carácter fundamentalista o nacionalista que agitan internamente a las sociedades civiles”. “La noción de que los individuos sólo pueden estar auténticamente unidos por vínculos esencialistas o semimágicos de sangre, credo religioso o lengua, presenta la dinamitación de la posibilidad misma de una sociedad civil”. El nacionalismo se levanta sobre la idea letal de que las cosas no son importantes o triviales, por sí misma o por sus contenidos, sino por el mero hecho de ser "nuestras". Se trata de un reducccionismo, que “rebaja a los individuos a esclavos de estereotipos colectivos en los que se reconocen y se afirman obsesivamente perdiendo su capacidad crítica y transformándose en materia dúctil y desechable, vulnerables a las más burdas maniobras de demagogos desaprensivos”. Esto se presenta bajo dos falsos axiomas incontrovertibles. El primero que las naciones son esencias permanentes, surgidas del fondo de los tiempos, impregnadas de una trascendencia espiritual, y con un destino ineluctable en la historia humana. El segundo es el que postula que el derecho de un grupo humano para decidir mediante referéndum si desea adquirir soberanía política, separándose de un estado previamente existente, es un imperativo ético político indiscutible, cuya negación supone la quiebra de la democracia. Todo esto es radicalmente falso, porque la idea nacional no es algo añejo perdido en la lontananza de los tiempos, es sencillamente una construcción artificial del siglo XIX, de la Revolución Francesa y del romanticismo.

A riesgo de incurrir en incorrección política, añade Vidal, “los nacionalismos de base identitaria son intrínsecamente ajenos a la democracia en sociedades étnica, lingüística o confesionalmente plurales”. Porque la democracia no es sólo la regla de la mayoría, que sin duda es uno los elementos definitorios. Es, además, un conjunto de derechos y libertades fundamentales debidamente garantizados, el mantenimiento de un orden civil pacífico, y el imperio de la ley. Es además un conjunto de principios éticos, que deben asentarse en la verdad y la bondad, y no en la falsedad que subyace en los planteamientos nacionalistas.

Finalmente, creo que es importante traer a colación algo que Vidal Quadras puso de manifiesto en la presentación de su libro. Y es que con todo este proceso estamos asistiendo a una auténtica locura. Porque si algo apela el nacionalismo es a ese yo insatisfecho producto de la vanidad y de la megalomanía, que anida en el subconsciente de todo ser humano, según las doctrinas psicoanalíticas modernas. El nacionalismo apela a todo eso. Alimenta constantemente la vanidad haciendo creer al ciudadano de una entidad nacional concreta, que es mejor que nadie, diferente a los demás y, por supuesto, un elegido eternamente. Este nacionalismo, en cuanto que alimenta esa especie de complejo que habita en el inconsciente, con ideas colectiva e individualmente falsas, contribuye a una frustración que la realidad tarde o temprano se encarga de revelar. Todo ello genera una neurosis, que es la locura en la que nos ha metido el afán de conservación del poder como sea, del partido socialista gobernante. El nacionalismo se ha convertido así en el autentico opio del pueblo. Sólo en esta situación puede comprenderse la frase del parlamentario del PNV, Javier Maqueda: "el que no se siente nacionalista, ni quiere lo suyo, no tiene derecho a vivir".

Las ideas expuestas por alejo Vidal Quadras giran en torno a la necesidad de recuperar la moral en la vida, en la sociedad y en la política, como único camino para obtener la felicidad. La de recuperar la verdad y la bondad objetiva y racional, como fundamento del orden jurídico; podrá dar lugar a una identidad, basada en una concepción nacional, no étnica, sino cívica, que nos acerque cada vez más, a la posibilidad de una identidad europea, como única salida racional, hoy por hoy, a la locura nacionalista.

Jesús Trillo-Figueroa y Martínez-Conde

18 septiembre 2006

Recensión de Alfonso Carlos Amaritriain

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http://www.archimadrid.es/actbibliografica/2006/07/00paginas/08.htm

La ideología invisible
El pensamiento de la nueva izquierda radical

Autor......................... Jesús Trillo-Figueroa
Editorial..................... LibrosLibres
Fecha......................... Madrid 2005
Páginas...................... 377
ISBN.......................... 84-96088-43-X



Las derivas ideológicas del socialismo español

El autor de este ensayo es de sobra conocido por el público español, más por el protagonismo político de su hermano que como pensador consumado. No por ello estas páginas dejan de tener interés, pues abordan un tema sumamente interesante: la deriva ideológica del socialismo tras la caída del muro de Berlín. Frente a el pragmatismo de la tercera vía, adoptado por Blair, algunas propuestas del socialismo son el fruto de un larvado proceso ideológico. El estructuralismo, el posestructuralismo y los deconstructivistas remodelaron las tesis marxistas hasta tal punto que transformaron el marxismo en una sutil ideología, por no decir psicología. Marcuse, Habermas, Foucault o Derrida, entre otros, iniciaron un proceso de deconstrucción de toda la cultura y del lenguaje hasta tal punto que la cultura moderna se ha transformado en una agente del nihilismo imperante. El propio Derrida, relativizador de todo lenguaje como medio de aproximación a la verdad, afirmaba una única realidad “no deconstruible”: “Lo que permanece irreductible a toda deconstrucción, lo que permanece indeconstruible como posibilidad misma de la deconstrucción es quizá una cierta promesa de emancipación; quizá es la formalidad de un mesianismo estructural, un mesianismo sin religión, incluso un mesianismo sin mesianismo”.

El análisis de estos autores y escuelas se hacen imprescindibles para entender la tesis con la que arranca este libro: a pesar de la crisis del marxismo político, la izquierda -sobre todo en España- mantiene una “hegemonía cultural”. La derecha debe entonar su mea culpa por haber dejado el ámbito de la cultura y del pensamiento en manos de la izquierda. En este sentido, este libro es un loable intento de poner un poco de orden en el mundo de las ideas. Aunque, sin embargo, Jesús Trillo intenta que todo el análisis de fondo tenga una aplicación práctica a la hora de entender las evoluciones del socialismo español, a partir de la victoria electoral en 2004. Ello lleva a que la lectura del libro quede a veces innecesariamente interrumpida por algunos incisos prescindibles referidos a la política actual en España. No obstante el libro guarda un cierto orden en tres partes claramente (¿excesivamente?) diferencias. En la primera parte se analiza la evolución del socialismo español. Esta parte del texto es demasiado esquemática y quizá recurre a excesivas generalizaciones. Una segunda parte, más conseguida y madura, atiende a las transformaciones y hegemonías culturales de la izquierda en general. Una última parte intenta penetrar en el análisis, más sociológico, de las entrañas del partido socialista. Este análisis se centra especialmente en el triunfo de las corrientes feministas más radicales dentro de la ejecutiva del partido. Zapatero no deja de ser un neoconverso a las tesis feministas. Junto a el feminismo, la “nueva izquierda radical” se ha construido a base de los restos de partidos de izquierda radical integrados en el PSOE o los “nuevos movimientos sociales”: colectivos de homosexuales, pacifistas, antiglobalizadores o ecologistas.

A pesar de que el libro es irregular, su lectura es recomendable pues ayudará al lector a darse cuenta de que las ideas siguen moviendo el mundo y la política. Además, y es de agradecer en un libro de estas características, no se realiza ninguna apología gratuita de la “democracia” desde la derecha. De ridículos, los menos posibles.

Alfonso Carlos Amaritriain.

31 julio 2006

Violencia, religión y laicismo

Por JESÚS TRILLO-FIGUEROA MARTÍNEZ-CONDE. Abogado del Estado


¿DÓNDE estaba Dios? Esta era la pregunta que Benedicto XVI formulaba en Auschwitz, el mayor símbolo del mal y del terror que dejó el siglo XX. La misma cuestión podría plantearse en los trenes de Atocha o de Bombay; y la respuesta es obvia: Dios estaba allí mismo, en aquel terrible lugar, entre las víctimas, recluido en sus conciencias, pues a ese sitio le había confinado el nacional-socialismo. El laicismo de aquella ideología desterró a Dios de la sociedad alemana, y lo relegó al ámbito privado. Mató a Dios y lo sustituyó por el volckgeist, por la raza aria. Lo mismo había sucedido desde 1917 con la revolución soviética. Dios fue expulsado del ámbito público; y la religión, definida como el opio del pueblo, fue sustituida por el marxismo: «la única y auténtica verdad científica». Las ideologías políticas siempre han confundido la laicidad, que significa la necesaria separación entre lo espiritual y lo temporal, César y Dios, con el laicismo. Este exige que Dios desaparezca del ámbito público, para que sólo quede el César. El problema es que terminan suprimiendo la religión, matan a Dios, y se convierten en religiones laicas sustitutas, reemplazando a Dios por ideas tales como nación, raza o clase proletaria.

El Papa, en Valencia, ha vuelto a prevenir del nuevo laicismo ideológico que nos predican. «Prescindir de Dios, actuar como si no existiera, o relegar la fe al ámbito meramente privado, socava la verdad del hombre, e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad». En esta coyuntura, el laicismo se presenta levantando la bandera de la paz, frente a la violencia y el terrorismo, que se persuade consecuencia del fanatismo religioso y el fundamentalismo. Esta nueva versión no se satisface con la omisión de Dios, propia del ateísmo tradicional. Postula un ateísmo positivo, una deconstrucción religiosa, que primero realice una crítica y destrucción definitiva de los tres monoteísmos principales, judaísmo, cristianismo e islamismo. Para que después de rechazar cualquier existencia de lo trascendente, entronice a «la vida terrena en único bien verdadero», como catequiza Michel Onfray. Así se conseguirá el pleno hedonismo; es decir, el bienestar y la emancipación de los cuerpos y las mentes de mujeres y hombres; que, como escribía el citado, «solamente puede producirse mediante una descristianización radical de la sociedad».

Esta es la idea que se quiere transmitir de Dios y la religión por el pensamiento hegemónico. Identificando al fundamentalismo con la religión, se presenta a esta como el primer factor determinante de la violencia en el mundo actual. Muestras de ello lo constituyen frases tales como la expresada por Pilar Manjón: «Las religiones monoteístas dan muertos». O análisis como el formulado por Slavoj Zizek, afirmando que hoy en día «la religión aparece como fuente de una violencia exterminadora de un extremo a otro del mundo», manifestada en «las acciones de los fundamentalistas cristianos, musulmanes o hindúes». O bien el realizado por Salman Rushdie, considerando que las religiones monoteístas se han convertido en el principal problema de las democracias occidentales. Al cabo, para acabar con estos conflictos, la solución que se nos propone es fácil: el ateísmo.

Escribía Zizek que «el ateísmo es un legado europeo por el que merece la pena luchar», pues genera un espacio público en donde los creyentes pueden sentirse a gusto. Si para encontrar esa herencia en Europa hay que hallarla en la Revolución Francesa, entonces sí estará en peligro la religión. Pero todos ellos olvidan que el espacio público democrático nació en las colonias americanas, precisamente para garantizar la libertad de cultos. Que representa la dimensión pública, propia del carácter comunitario que tienen todas las religiones positivas. Puesto que para creer basta con la conciencia individual, no es necesaria la democracia. Como así sufrieron los ciudadanos europeos que vivieron tras el telón de acero, incluida la devastada tierra del yugoslavo.

Esta oportunista concepción laicista puede tener su eco en el planteamiento pacifista de nuestro Gobierno. En esta dialéctica es fácil caer en la tentación de contraponer paz y religión, y deducir la necesidad de suprimir esta para poder culminar con éxito el proyecto demagógico de paz en el que están empeñados, que les permita continuar en el poder. Como siempre, existe una gran mentira ideológica: el fundamentalismo no es una cuestión religiosa, es una cuestión política.
Porque el fundamentalismo es la ideologización política de la religión; es convertir una determinada religión en una ideología política, que sirva de instrumento revolucionario para conquistar y mantener el poder. El problema es de la política, no de la religión; menos del cristianismo, en cuyo origen está el «dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», y separar lo espiritual de lo temporal. El cristianismo no puede prometer el paraíso en la historia como si fuera una ideología política. «Pues mi reino no es de este mundo, si fuera...». Sí, definitivamente Dios estaba en los campos de concentración alemanes, en los hábitos carmelitas de las hermanas Stein; con su pueblo: el pueblo judío. Pues, como el propio Benedicto XVI dijo en otra ocasión: Dios no está entre los crucificadores, sino entre los crucificados.