La ideología invisible

24 octubre 2006

La izquierda radical

La izquierda radical

La Razón, 23 octubre 2006.


Últimamente, los voceros del gobierno y sus adláteres, conceptúan al Partido Popular de extrema derecha, sin que se esgriman más argumentos, que la descalificación apriorística del otro, gracias al efecto peyorativo de las palabras. La utilización del calificativo extremo en relación con las ideas políticas, no va con la realidad de los tiempos. Vivimos en la época de la postmodernidad, en donde la visión de las cosas se caracteriza por ser fragmentaria, discontinua, vertical. Por contra, la modernidad se caracterizaba por el orden, por la existencia de los sistemas; y, en definitiva, por una visión política de continuidad horizontal.

En la política actual las cosas hay que verlas de manera posmoderna: vertical, fragmentaria, discontinua. Por eso no es útil calificarla de extremista; es más útil la distinción entre radicales y reformistas. Aplicado a España: en la derecha hay un solo partido, que quiere jugar dentro del sistema; es decir: la Constitución del 78, el Estado de las autonomías, o el modelo de sociedad liberal; sin perjuicio de querer reformarlo para mejorarlo.
En cuanto a la izquierda, por lo pronto, es variopinta y fragmentaria. En ella se incluyen distintos movimientos marginales, tales como: feministas, nacionalistas, antiglobalización, gays y lesbianas; conjuntamente con comunistas y socialistas; todos ellos tienen en común: la radicalidad; por esta razón, a pesar de su heterogeneidad, es posible el pacto entre ellos.

El nuevo socialismo de Zapatero nada tiene que ver con el socialismo reformista de Felipe González; se trata de un socialismo radical, que hunde sus raíces ideológicas en la contracultura derivada de mayo del 68. Los sucesos de mayo convencieron a muchos progresistas desencantados del socialismo real; el resultado fue el nihilismo y la contracultura. Esta idea la expresa bien Richard Rorty, el más reconocido de los pensadores de la izquierda americana: la izquierda está dividida en radicales y reformistas. Los reformistas creen que simplemente cambiando las leyes, las democracias constitucionales con el tiempo podrían llegar a proporcionar la mayor libertad y justicia posible. Los radicales sospechan que los mecanismos de las democracias constitucionales no permiten lograr eso y buscan otros sistemas.

El Partido Socialista surgido del XXXV Congreso, defraudó las primeras impresiones centristas de “talante”, y giró rápidamente hacia la izquierda radical, en busca de una nueva utopía. En un principio se anunció un nuevo “socialismo de los ciudadanos”, ambicioso de hacer suyo la reflexión llevada a cabo por la corriente conocida como “republicanismo”, debida a autores como Pettit, o Barber. Pero pronto se vio que esto tan sólo servía para darle un aire de seriedad a algo mucho más rancio, como la declaración ideológica de “rojo, utópico y feminista”.

¿Qué es lo que hay detrás de esa invisibilidad? Lo primero que hay, consiste en una amalgama de ideas y actitudes presididas por un común denominador: la radicalidad; entendida como aquella disposición de ánimo qué pretende romper sistemáticamente con el pasado inmediato, sin necesidad de justificación. Se trata de prescindir de la existencia de cualquier realidad o naturaleza previa. Partir desde cero, abordando las cosas desde la raíz; para provocar el cambio, la transformación total o la revolución. Por esta razón, se deshecha la existencia previa de la Constitución, de la nación o del sexo biológico. No se trata de llegar a una meta definida anteriormente, el desenlace da igual, lo importante es la forma, el debate a través del cual se llega al final. Lo primordial es que todo se discuta, se delibere, y que, al cabo, se consolide el socialismo. Esta es la esencia de la tan traída “democracia deliberativa”. Junto a ello, se comparte también una inspiración común en lo que se ha denominado la contracultura; de forma tal, que en la política de nuestra izquierda, ella ha sustituido al socialismo, como base del pensamiento político progresista; esta es la tan traída “democracia avanzada”.

Jesús Trillo-Figueroa y Martínez-Conde