Extremistas y radicales: el modelo español
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Extremistas y radicales: el modelo español
La Razón, 13 noviembre 2006
La nueva izquierda radical española nació con ambición de liderazgo internacional, y en cierto aspecto va camino de conseguirlo. En la reciente Conferencia del Partido Socialista obrero español, surgió la sorpresa envuelta en el encanto y la charme francesa, Ségolène Royal, candidata a la presidencia de la república, manifestaba ante un auditorio fervoroso: “El referente antes era el modelo escandinavo, y ahora, el referente de socialismo, es el modelo español”. El modelo al que se refería, no era el de la moda Cibeles, era el modelo caracterizado por la ideología puesta en práctica por el PSOE durante estos dos años de gobierno, revelado en las llamadas políticas de igualdad: ley de igualdad, aplicación del principio de paridad en la conformación del gobierno, la ley de matrimonios homosexuales, etc. La líder socialista francesa continuó: "por eso tenemos la obligación de alinearnos con España". Aserciones como ésta procedentes de un candidato a la presidencia de la República de Francia, no es precisamente habitual ¿Qué es lo que ha sucedido para que sea pronunciada semejante incorrección política desde el punto de vista chauvinista? Pues sucede, que como decía su compatriota Jean François Revel, al socialismo, contestado por la dura realidad del socialismo real, tan sólo le queda la fuerza del ideal, de la utopía. Y a falta de cualquier otra original, nuestro socialismo español encontró la del feminismo radical, entre uno de los movimientos sociales marginales, que subió a su carro en su estrategia postmoderna y radical.
Resulta, que esta es la corriente de moda entre la “progresía” actual del mundo occidental; aunque esté demodé en los lugares en donde germinó. El PSOE ha asumido esta bandera como marca ideológica, y por ello, se ha convertido en el nuevo referente internacional, de los progres, y de los partidos de la izquierda radical. La aplicación del principio de paridad en los cargos internos del partido, a partir de Almunia, supuso el control del poder del mismo por parte de las mujeres, que como explicaba la joven promesa Leire Pajín: “eran todas ellas socialistas y feministas”.”La alianza entre los movimientos feministas y los partidos políticos de izquierda, es la razón por la que estamos aquí”, decía en la misma conferencia María Teresa Fernández de la Vega, la líder natural de esta tendencia feminista radical en la izquierda española; y no le faltaba razón.
El feminismo, como movimiento que ha luchado por la igualdad de derechos de la mujer en la sociedad actual, ha constituido una de esas profundas corrientes de la historia moderna, que, sin duda, han hecho avanzar en un sentido positivo a la humanidad. Pero como muchas otras conquistas en los últimos dos siglos, cuando se ha convertido en una ideología al servicio de la lucha política, se ha desvirtuado, transformándose en un reduccionismo más, en un nuevo ismo con ambiciones totalitarias. La desigualdad entre el hombre y la mujer es un hecho parcial de la realidad, pero no es toda la realidad, de forma que dé una explicación total de la sociedad, del sentido de la vida, y del destino de la mujer y del hombre. De la misma manera que el sexo es un aspecto muy importante de la vida de los seres humanos; pero no el único, que da explicación al ser humano, como pensaba Freud.
Para de la Vega, la desigualdad más onerosa sigue siendo la de las mujeres, que atraviesa todas las desigualdades, y que explica, por tanto, el hecho mismo de la desigualdad: razón del actuar político. En su afán ideológico, profería que debe corregirse la desigualdad que sigue existiendo en el reparto del poder, estableciendo la paridad a la fuerza en todos los ámbitos, “incluso el religioso”. La democracia debe convertirse en democracia paritaria. Según ella, hay que hacer política de igualdad desde las escuelas, la igualdad lo es todo: "la igualdad me mueve y me conmueve".
El feminismo radical convierte al feminismo en una ideología política, a partir de tres premisas. La primera consiste en interpretar lo que antes era discriminación como opresión. La segunda consiste en concebir la historia, no como una lucha de clases, sino como una lucha de sexos, en la que el hombre ha estructurado la sociedad como un sistema de dominio sobre la mujer, denominado patriarcado. Y la tercera, que comprende las dos anteriores, se manifiesta en la expresión “lo privado es político”, que va más allá del principio “todo es política”, pues llega hasta la esfera más íntima: la cama matrimonial; en donde, según esta premisa feminista, se produciría la primera manifestación de dominación social de la mujer por el hombre.
Mary Evans, en su análisis sobre el pensamiento feminista contemporáneo, afirma que “una de las ideas más radicales del feminismo contemporáneo es su pretensión de que el espacio privado del hogar y la familia debe estar sujeto al escrutinio público”. Esto es lo que habilita a nuestro socialismo feminista para intervenir en la vida privada, y en el ámbito de las creencias. Al cabo, para esto le sirve el feminismo ideológico al socialismo en el poder. Si hay una ideología política opuesta a la libertad entendida como la no interferencia del estado, esta es, sin duda, el feminismo radical. Sin embargo, muchos llamados “liberales”, consideran que algunas de sus propuestas, tales como el matrimonio homosexual, constituyen puras opciones morales o cuestiones de conciencia. La verdad es que se trata de cuestiones políticas, claramente contrarias a una concepción liberal del estado, porque constituyen la mayor injerencia en la vida privada que haya hecho el poder político en los últimos tiempos. En fin, todo se soluciona con la libertad entendida como lo hace el teórico favorito de nuestros socialistas, Philip Pettit; es decir, la libertad como no dominación, cuya aplicación al feminismo radical viene como anillo al dedo.
Jesús Trillo-Figueroa y Martínez-Conde
Extremistas y radicales: el modelo español
La Razón, 13 noviembre 2006
La nueva izquierda radical española nació con ambición de liderazgo internacional, y en cierto aspecto va camino de conseguirlo. En la reciente Conferencia del Partido Socialista obrero español, surgió la sorpresa envuelta en el encanto y la charme francesa, Ségolène Royal, candidata a la presidencia de la república, manifestaba ante un auditorio fervoroso: “El referente antes era el modelo escandinavo, y ahora, el referente de socialismo, es el modelo español”. El modelo al que se refería, no era el de la moda Cibeles, era el modelo caracterizado por la ideología puesta en práctica por el PSOE durante estos dos años de gobierno, revelado en las llamadas políticas de igualdad: ley de igualdad, aplicación del principio de paridad en la conformación del gobierno, la ley de matrimonios homosexuales, etc. La líder socialista francesa continuó: "por eso tenemos la obligación de alinearnos con España". Aserciones como ésta procedentes de un candidato a la presidencia de la República de Francia, no es precisamente habitual ¿Qué es lo que ha sucedido para que sea pronunciada semejante incorrección política desde el punto de vista chauvinista? Pues sucede, que como decía su compatriota Jean François Revel, al socialismo, contestado por la dura realidad del socialismo real, tan sólo le queda la fuerza del ideal, de la utopía. Y a falta de cualquier otra original, nuestro socialismo español encontró la del feminismo radical, entre uno de los movimientos sociales marginales, que subió a su carro en su estrategia postmoderna y radical.
Resulta, que esta es la corriente de moda entre la “progresía” actual del mundo occidental; aunque esté demodé en los lugares en donde germinó. El PSOE ha asumido esta bandera como marca ideológica, y por ello, se ha convertido en el nuevo referente internacional, de los progres, y de los partidos de la izquierda radical. La aplicación del principio de paridad en los cargos internos del partido, a partir de Almunia, supuso el control del poder del mismo por parte de las mujeres, que como explicaba la joven promesa Leire Pajín: “eran todas ellas socialistas y feministas”.”La alianza entre los movimientos feministas y los partidos políticos de izquierda, es la razón por la que estamos aquí”, decía en la misma conferencia María Teresa Fernández de la Vega, la líder natural de esta tendencia feminista radical en la izquierda española; y no le faltaba razón.
El feminismo, como movimiento que ha luchado por la igualdad de derechos de la mujer en la sociedad actual, ha constituido una de esas profundas corrientes de la historia moderna, que, sin duda, han hecho avanzar en un sentido positivo a la humanidad. Pero como muchas otras conquistas en los últimos dos siglos, cuando se ha convertido en una ideología al servicio de la lucha política, se ha desvirtuado, transformándose en un reduccionismo más, en un nuevo ismo con ambiciones totalitarias. La desigualdad entre el hombre y la mujer es un hecho parcial de la realidad, pero no es toda la realidad, de forma que dé una explicación total de la sociedad, del sentido de la vida, y del destino de la mujer y del hombre. De la misma manera que el sexo es un aspecto muy importante de la vida de los seres humanos; pero no el único, que da explicación al ser humano, como pensaba Freud.
Para de la Vega, la desigualdad más onerosa sigue siendo la de las mujeres, que atraviesa todas las desigualdades, y que explica, por tanto, el hecho mismo de la desigualdad: razón del actuar político. En su afán ideológico, profería que debe corregirse la desigualdad que sigue existiendo en el reparto del poder, estableciendo la paridad a la fuerza en todos los ámbitos, “incluso el religioso”. La democracia debe convertirse en democracia paritaria. Según ella, hay que hacer política de igualdad desde las escuelas, la igualdad lo es todo: "la igualdad me mueve y me conmueve".
El feminismo radical convierte al feminismo en una ideología política, a partir de tres premisas. La primera consiste en interpretar lo que antes era discriminación como opresión. La segunda consiste en concebir la historia, no como una lucha de clases, sino como una lucha de sexos, en la que el hombre ha estructurado la sociedad como un sistema de dominio sobre la mujer, denominado patriarcado. Y la tercera, que comprende las dos anteriores, se manifiesta en la expresión “lo privado es político”, que va más allá del principio “todo es política”, pues llega hasta la esfera más íntima: la cama matrimonial; en donde, según esta premisa feminista, se produciría la primera manifestación de dominación social de la mujer por el hombre.
Mary Evans, en su análisis sobre el pensamiento feminista contemporáneo, afirma que “una de las ideas más radicales del feminismo contemporáneo es su pretensión de que el espacio privado del hogar y la familia debe estar sujeto al escrutinio público”. Esto es lo que habilita a nuestro socialismo feminista para intervenir en la vida privada, y en el ámbito de las creencias. Al cabo, para esto le sirve el feminismo ideológico al socialismo en el poder. Si hay una ideología política opuesta a la libertad entendida como la no interferencia del estado, esta es, sin duda, el feminismo radical. Sin embargo, muchos llamados “liberales”, consideran que algunas de sus propuestas, tales como el matrimonio homosexual, constituyen puras opciones morales o cuestiones de conciencia. La verdad es que se trata de cuestiones políticas, claramente contrarias a una concepción liberal del estado, porque constituyen la mayor injerencia en la vida privada que haya hecho el poder político en los últimos tiempos. En fin, todo se soluciona con la libertad entendida como lo hace el teórico favorito de nuestros socialistas, Philip Pettit; es decir, la libertad como no dominación, cuya aplicación al feminismo radical viene como anillo al dedo.
Jesús Trillo-Figueroa y Martínez-Conde


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